Cómo se vive
Son las tres de la mañana y la cabeza arranca. Repasás lo que dijiste en una reunión, la cuenta que vence el jueves, el mensaje que todavía no contestaste. Sabés que a esa hora no vas a resolver nada, y aun así no podés cortar.
Durante el día se nota en otras cosas. Leés tres veces un mensaje antes de mandarlo. Ensayás en la cabeza una charla que todavía no tuviste, en su peor versión. Alguien tarda en contestarte y ya armaste una historia.
A veces llega de golpe: en el súper, en el colectivo, en medio de una reunión. El corazón se acelera, falta el aire, te transpiran las manos y aparece la certeza de que algo grave está por pasar. Dura unos minutos que parecen una hora. Después queda el miedo a que vuelva, y sin darte cuenta empezás a sentarte cerca de la puerta, a buscar síntomas en internet a la madrugada, a no salir sin el celular cargado.
Qué suele haber detrás
La ansiedad funciona como una alarma de incendio que suena aunque no veas humo. Casi nunca se activa porque sí: muchas veces, algo registró un peligro, aunque no sepas bien cuál. El problema aparece cuando suena todo el tiempo, o por cosas que, en apariencia, no la justifican.
Muchas veces, lo que la enciende no está a la vista. Un trabajo en el que nunca sentís que hiciste suficiente. Algo que tenías ganas de decirle a alguien y te guardaste. Una mudanza, una separación o un ascenso que todavía no terminaste de digerir.
Y a veces la alimenta algo que no se ve: lo que hacés para calmarla. Cancelar la salida, preguntar por quinta vez si está todo bien, volver a revisar. Alivia en el momento, pero a la alarma le confirma que tenía razón.
Cómo lo trabajamos
En los primeros encuentros nos ocupamos de lo urgente. Qué hacer a las tres de la mañana cuando la cabeza no para. Qué le pasa a tu cuerpo durante un ataque de pánico, para que deje de parecer que te vas a morir. Cómo dejar de pelearte con la ansiedad, porque pelearse con ella suele agrandarla.
Pero no nos quedamos ahí. Vamos a mirar cuándo aparece y cuándo no, qué la dispara cuando parece que no pasó nada, y qué cosas fuiste dejando de hacer para no sentirla. Muchas veces, en ese recorrido aparece algo que no estaba en el motivo de consulta y que explica mucho más.
La idea es que puedas volver a hacer lo que fuiste dejando, y que la ansiedad, si aparece, no sea la que decide.
A veces conviene trabajar en conjunto con un psiquiatra. Cuando los ataques de pánico son muy frecuentes, cuando la ansiedad no te deja dormir durante semanas o te impide salir, trabajar, sostener lo cotidiano, la medicación puede ayudar a bajar la intensidad para que el trabajo en terapia sea posible. No es una cosa o la otra: suelen complementarse. Si lo veo necesario, te lo voy a plantear con claridad y podemos trabajar coordinados.
También es frecuente que llegue alguien que ya pasó por una crisis, tuvo una consulta en la guardia o con un psiquiatra y está con medicación, y le indicaron acompañar el tratamiento con psicoterapia. Ese es un muy buen momento para empezar: la medicación ayuda a que los síntomas bajen, y la terapia, a entender qué los encendía y a recuperar lo que dejaste de hacer. Más adelante, si el psiquiatra lo decide, también ayuda a que el momento de bajar o dejar la medicación sea más llevadero.
Calmarla ayuda. Entender qué la mantiene encendida permite que el cambio se sostenga.
Cuándo podés consultar
No hace falta esperar a que sea insoportable.
- Si la mayoría de las noches te despertás con la cabeza a mil.
- Si cancelaste planes por miedo a sentirte mal.
- Si cambiaste el recorrido para no pasar por cierto lugar.
- Si después de un ataque de pánico vivís pendiente de que se repita.
- Si estás con medicación indicada por un psiquiatra y te sugirieron sumar terapia.
- Si ya hiciste un tratamiento, estás mejor y querés que lo logrado se sostenga.
Antes que nada: si es la primera vez que sentís síntomas físicos intensos, como dolor en el pecho, falta de aire o palpitaciones fuertes, consultá a un médico para descartar otras causas. Si estás en una situación de urgencia, llamá al 107 o acercate a la guardia más cercana.

