Manuel Rosendo FernándezLic. en PsicologíaM.P. 48254
Dos puertas de madera cerradas en una fachada antigua de ladrillo
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Revisás su celular, escondés la billetera y no dormís. Eso no tiene que seguir así.

Familias frente al consumo

Cómo se vive

Dormís con el celular al lado, por si suena a la madrugada. Contás la plata de la billetera, revisás sus redes, te fijás a qué hora llegó y cómo vino.

En casa ya no se habla de otra cosa, o no se habla de nada. Uno de los dos cede y el otro se endurece, y terminan peleando entre ustedes. Las amenazas que dijeron mil veces ya no se cumplen, y él o ella lo sabe.

Y en el medio, la pregunta que no se va: ¿qué hicimos mal? Tal vez no se lo contaste a nadie. Tal vez ya probaste clínicas, consejos y promesas, y todo volvió al mismo lugar.

Lo que casi nadie te dice

El consumo de una persona reorganiza a toda la familia. Sin darse cuenta, cada uno ocupa un lugar: el que controla, el que tapa, el que paga, el que se aleja. Y esos lugares, aunque nadie los elija, suelen sostener el problema.

Por eso, la espera de que el otro "toque fondo" o acepte ayuda puede durar años. Mientras tanto, quien sostiene se agota, se enferma o deja su propia vida en pausa.

Aunque tu familiar todavía no quiera tratarse, vos podés empezar. Y eso cambia más de lo que creés.

Un proceso que se construye entre dos

Lic. Manuel Rosendo Fernández, psicólogo

Cada persona llega con una historia distinta y una forma particular de afrontar la vida. Por eso no creo en una terapia que obligue a todos a seguir el mismo camino.

Partimos de lo que hoy te preocupa, pero también de aquello que quizás todavía no pudo ser pensado o dicho.

Lic. Manuel Rosendo FernándezMat. 48254

Para que hablar no sea solo un desahogo, sino la oportunidad de hacer algo distinto con eso.

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Cómo lo trabajamos

El trabajo tiene dos momentos que van de la mano.

Un primer momento, para ordenar lo urgente. Armamos un mapa claro de lo que está pasando y un plan concreto: qué decir y qué no, qué hacer con el dinero, cómo actuar si llega consumido o si hay una crisis, y con quién contar. Ese plan se completa con una red: otros profesionales, y si hace falta, un espacio con otras familias que pasan por lo mismo.

Un segundo momento, para ir a lo de fondo. Miramos qué lugar ocupa cada uno alrededor del consumo y ensayamos posiciones nuevas: poner un límite y sostenerlo, soltar el control que agota, trabajar la culpa. Y de a poco, recuperar una vida propia que no gire alrededor del otro.

No podés decidir por el otro. Pero sí cómo te parás frente a lo que pasa.

Cuando la situación se desborda

Hay momentos en los que hace falta un tratamiento más intensivo, y a veces una internación que nadie quiere pero que resulta necesaria. Son decisiones muy difíciles, que dejan culpa, enojo y miedo en toda la familia.

Trabajé en dispositivos de internación y tratamiento residencial, y conozco cómo funcionan por dentro. Si llegan a ese punto, te acompaño a pensar la decisión, a encontrar el lugar adecuado y a atravesar lo que viene después. No tienen que hacerlo solos.

Quizás sea momento de consultar si…

  • vivís pendiente de dónde está y en qué estado vuelve.
  • en casa desaparecen plata u objetos.
  • con tu pareja no se ponen de acuerdo sobre qué hacer.
  • ya no sabés si ayudar o soltar.
  • le escondés la situación a la familia o a los amigos.
  • probaste de todo y nada cambió.
  • tu salud y tu vida quedaron en pausa.
  • estás pensando en una internación y no sabés por dónde empezar.

Importante: si hay riesgo inmediato para tu familiar o para otras personas, llamá al 107 o al 911. Para orientación sobre consumos, la línea 141 de SEDRONAR atiende las 24 horas, en forma gratuita, en todo el país.

Preguntas frecuentes

Mi familiar no quiere tratarse, ¿puedo consultar igual?

Sí, y muchas veces es el mejor punto de partida. El trabajo con la familia no depende de que el otro acepte ayuda. Cambiar cómo actúan ustedes suele mejorar la convivencia y, en muchos casos, aumenta las chances de que él o ella acepte iniciar un tratamiento.

¿Tengo que echarlo de casa?

No hay una respuesta única. Echarlo de casa o no soltarlo nunca son dos extremos, y los dos pueden empeorar las cosas. Lo trabajamos según tu situación: qué límites tienen sentido, cuáles pueden sostener y qué hacer si se cruzan.

¿Le doy plata?

Es una de las preguntas más frecuentes. El dinero suele terminar financiando el consumo, pero cortarlo de golpe también tiene consecuencias. Armamos juntos un criterio claro que puedan sostener.

Con mi pareja no nos ponemos de acuerdo

Es muy común: uno cede y el otro endurece, y el consumo queda en el medio. Podemos trabajar con los dos, para que actúen en la misma dirección aunque piensen distinto.

¿Y si hace falta una internación?

A veces es necesaria, aunque nadie la quiera. Conozco esos dispositivos por dentro y puedo acompañarlos a pensar la decisión, a elegir el lugar adecuado y a atravesar lo que genera en la familia.

¿Atendés también a la persona que consume?

Sí, pero en un espacio distinto al de la familia, para cuidar cada lugar. Si conviene que la atienda otro profesional, te ayudo a encontrarlo.

¿Es online? ¿Pueden participar los dos padres?

Sí. Las sesiones son por videollamada o solo audio, desde cualquier lugar del país, y pueden conectarse una o más personas de la familia.

Modalidades

Modalidades de atención

Sesiones de 50 minutos, habitualmente semanales.

Podés escribirme

Contame en pocas palabras qué te trae y coordinamos una primera entrevista.

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