Cómo se vive
Te sacás diez fotos para subir una, y después la borrás. Te cambiás tres veces antes de salir y terminás con lo de siempre. Este verano tampoco fuiste a la pileta.
Si alguien te dice que algo te salió bien, pensás que lo dice por compromiso. En el espejo te decís cosas que no le dirías a nadie, y mirando historias de Instagram te comparás con gente que ni conocés.
A veces esa mirada termina en el plato. Comés parado frente a la heladera abierta, rápido, casi sin sentir el gusto, y la culpa llega antes del último bocado. En un cumpleaños estás más pendiente de la mesa que de la gente. Y siempre vuelve la promesa: el lunes empiezo.
Qué suele haber detrás
Muchas veces, esa mirada se aprendió en algún lado. Un comentario en la mesa familiar que se repitió durante años, el apodo del colegio, la comparación con un hermano, un vínculo en el que nada alcanzaba. Con el tiempo, esa voz de afuera se volvió tuya.
Y la comida casi nunca es solo comida. Calma después de un día difícil, acompaña cuando no hay nadie, premia, castiga. Por eso «quererse más» no suele funcionar como consejo, y las dietas, por sí solas, suelen fallar: atienden la superficie y dejan de lado de dónde viene todo.
Cómo lo trabajamos
Vamos a escuchar con atención qué te decís y cómo te lo decís, y en qué momentos se pone más fuerte: antes de un encuentro, frente a una foto, después de comer. Si la comida está en juego, también vamos a mirar qué pasa antes y después: qué estabas sintiendo, qué día habías tenido, qué te dijiste.
No te voy a dar una dieta ni a contar calorías con vos; cuando hace falta, trabajo en conjunto con médicos o nutricionistas. La idea es que esa voz deje de tener la última palabra: que puedas ir a la pileta, subir la foto o comer en un cumpleaños sin que se te arme una discusión por dentro.
La forma en que nos vemos no empezó frente al espejo. Tiene una historia, y esa historia puede ser revisada.
Alcances y límites de este espacio
Este espacio, online, está pensado para trabajar la mirada sobre uno mismo y la relación con la comida y el cuerpo cuando todavía se puede sostener la vida cotidiana: la voz crítica, la comparación, la culpa, los atracones ocasionales, las dietas que empiezan y se abandonan. También podés llegar acá después de un tratamiento, para sostener lo logrado.
Hay situaciones que necesitan otro encuadre. Cuando hay un trastorno de la conducta alimentaria con riesgo para la salud (restricción severa, pérdida de peso importante, vómitos o conductas para compensar), o cuando la percepción del propio cuerpo se distorsiona tanto que ocupa casi todo, el tratamiento adecuado es presencial e interdisciplinario, con un equipo que pueda hacer controles físicos y un seguimiento cercano. Eso no se puede hacer bien a través de una pantalla. Si en la primera entrevista veo que es tu caso, te lo voy a decir con claridad y te voy a ayudar a encontrar un equipo especializado.
Cuándo podés consultar
- Si dejaste de hacer cosas por cómo te ves.
- Si te cuesta aceptar un elogio.
- Si la comparación con otros te arruina el día.
- Si pensás en la comida buena parte del día.
- Si sentís que perdés el control cuando empezás a comer, o la culpa te dura horas.
- Si hiciste un tratamiento y querés seguir trabajando para sostenerlo.
Importante: si notás una pérdida de peso importante, si pasás días casi sin comer, o si después de comer vomitás o hacés algo para compensar, es importante que te vea un médico cuanto antes, y en esos casos el tratamiento indicado es presencial, con un equipo especializado.

